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LA ESPINA DE LA AMAPOLA
Una emocionante historia de intriga en los orígenes del nazismo
 | Doris Lessing |
Cuenta Doris Lessing acerca del sexo: "Hay una serie de falacias que no admito. Se nos habla de sexo todo el tiempo, se debate en la televisión si es mejor el orgasmo vaginal o el del clítoris, y además se lo etiqueta. El sexo es siempre diferente, en los diferentes momentos de nuestra vida, es diferente en las diferentes personas y diferente con la misma persona. Pero me enerva que se prefiera etiquetarse lo que se puede clasificar, ordenar, escalonar, y no lo que es cambiante, a veces bueno y a veces malo. Se puede follar con el Tom o Dick habitual pero las cosas más turbias del sexo sólo se pueden explorar con alguien con quien se comparte consonancias, bastante infrecuente, de gusto, carácter y fantasía. En Martha Quest hablo de Martha tendida en la bañera, contemplando su desnudez, mientras fuera se oyen el estruendo y los golpes provocados por una tormenta, y su patrona espera para prepararle una taza de té y reñirla por algo. Cuando lo escribí, tuve muchas dudas sobre si debía describir el gozo en su vello púbico, joven y brillante, con sus tres perfectos remolinos. Pero supe que traería problemas y, si se trataba de una cuestión de principios, no lo consideraba esencial. Más adelante, en los años setenta, escribí una narración titulada One off the Short List, y en ella se habla de una mujer que tiene matas de pelo dorado en los sobacos. Un editor norteamericano, y luego unas revistas, se negaron a editar el cuento debido a esta alusión. No obstante, en Norteamérica se pueden narrar todo tipo de asesinatos, torturas, violaciones, horrores de la guerra, crueldades. Pero nada de pelo de sobaco en una historia sobre seducción y sexo. No obstante, yo insistí, porque por aquel entonces sí se había convertido ya para mí en una cuestión de principios".
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (67 Lecturas)
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 | CASOS |
 Una fantasía futurista publicada en 1896 por el inglés M.P. Shiel, hablaba de un grupo de asesinos crueles que asolaban Europa exterminando a los que impedían progresar a la humanidad y quemando luego sus cuerpos. El título del libro era Las S.S. (The S.S.). Otro caso sorprendente es el de Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, escritos en 1726. En estas obras se describen con precisión los satélites de Marte, Fobos y Deimos, 150 años antes de que los descubriera el astrónomo Asaph Hall. En la aventura que transcurre en el país de los liliputienses, éstos hacen un cálculo matemático para alimentar al gigantón Gulliver. Los enanos establecen que la cantidad de alimentos requerida por un animal es proporcional a tres cuartos del peso de su cuerpo. Una ley que no fue descrita científicamente ¡hasta el año 1932! Wherner von Braun confesó que para el diseño de los cohetes de tres fases utilizados por EE.UU. en la conquista espacial, se inspiró en El viaje a la Luna de Cyrano de Bergerac, escrita en 1633. En ella, el narigudo escritor francés también describe la gravedad 50 años antes que Newton, y la radio dos siglos antes que Marconi. Julio Verne, a finales del XIX, describió en Veinte mil leguas de viaje submarino un vehículo para surcar el fondo del mar con tanto detalle que, cuando se presentaron las primeras patentes de algunos componentes de los submarinos, éstas fueron denegadas porque el escritor ya las había hecho del dominio público.
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (65 Lecturas)
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 | MELENIK II |
 La excentricidad de Melénik II, fundador de la moderna Etiopía, consistía en que cada vez que se encontraba enfermo, comía algunas páginas de La Biblia. Un día de diciembre de 1913, cuando sufría una crisis cardíaca, se tragó un capítulo entero del Libro de los Reyes y murió.
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:58 (73 Lecturas)
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 | GUTENBERG |
El pobre Gutenberg padecía de serios problemas económicos y se vio forzado a pedir un préstamo a su socio Juan Fust. Al no poder pagarlo, Fust se quedó con la imprenta. Según se dice ahora, Gutenberg se quedó sólo con la experiencia, en tanto que Fust se apresuró a imprimir numerosas Biblias que llevó a París, donde un impreso común costaba 500 coronas de oro. Fust comenzó a vender sus Biblias a 60 coronas, y las entregaba de inmediato, sin que el adquirente tuviera que esperar. Los demás impresores y escribas quedaron pasmados y, al ver las iniciales rojas y brillantes que adornaban los ejemplares de Fust, sospecharon que ese rojo era la sangre del propio Fust, con la cual él sellaba un pacto con el demonio. Convencidos de todo esto, acusaron a Fust por hereje y en convivencia con el diablo. Se puso en marcha la máquina de la justicia: Fust fue detenido, registrada su casa y su imprenta, y allí naturalmente fueron encontradas muchas Biblias con las famosas iniciales "sangrientas". Pero Fust no era ningún tonto. Sabía que corría el riesgo de ser llevado a la hoguera, de modo que le pareció más prudente decir toda la verdad, que hasta entonces había mantenido en secreto, y revelar la historia de la invención de Gutenberg. Asombrados y maravillados los jueces levantaron los cargos que había contra Fust, y prontamente la imprenta se propagó por toda Europa, y luego por todo el mundo.
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (70 Lecturas)
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 | DYLAN-THOMAS |
Las rosas resfriadas mueren en la destornillada tarde del beso hierático de un adiós azul, luengo y uniforme torpe yo que bebo abrazos de cartón. El poeta Dylan-Thomas, autor de estos versos, decía de sus poemas que "no los entiende ni mi madre".
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (67 Lecturas)
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 | El espejo de la muerte |
 Un periodista anciano, sintiéndose morir, llamó a mi padre al lecho de muerte. Yo le acompañé y mandó salirse de su dormitorio a todos sus parientes.
-Joaquín -le dijo- acércame un espejo y pónmelo delante de la cara.
Mi padre así lo hizo.
-Sabes, es que quiero ver la cara que tengo de muerto.
Y así murió aquel senequista con su rostro de cadáver impreso en sus ojos azules.
Joaquín Mateo Blanco
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (134 Lecturas)
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 | Caridad |
 Cuando se ha vivido casi treinta años en la misma casa, poco hay más desolador que una mudanza, y no sólo por las paredes que quedan desnudas, como acusaciones de abandono de un espacio que reclamamos un día y reclama ahora a su vez nuestra protección, o por las pequeñas huellas de nuestra vida, y hasta los viejos olores, tan familiares, vencidos poco a poco, infatigablemente, por el eco y la humedad. Lo peor de todo es desprenderse de todos esos pequeños objetos que hemos querido olvidar por falta de valor para arrojarlos a la basura: los billetes de avión de nuestros mejores viajes, un mechón de cabello de una antigua novia, nuestras primeras botas de fútbol o una desportillada amalgama de tebeos estropajosos que nosotros nunca volveremos a mirar y nuestros hijos esquivan con repugnancia. Decía Chesterton que tres mudanzas equivalen a un incendio, pero yo creo que las mudanzas son mucho peores, porque el incendio se lleva lo que quiere, mientras que cuando te vas de una casa eres tú el que debe acopiar firmeza para desprenderte voluntariamente de todas esas cosas.
En ese indeseable Juicio Final de los recuerdos que constituye toda mudanza, a veces florece también alguna satisfacción en forma de agenda con el teléfono de alguien con quien habíamos perdido contacto, o un fajo de fotos de los tiempos en que no regalaban álbumes con los revelados ni se guardaban cinco mil imágenes en un círculo de plástico.
En mi caso ni ese consuelo tuve, porque las viejas agendas estaban llenas de nombres emigrados, de amigos muertos en accidentes estúpidos o de malentendidos incomprensibles, arrumbados para siempre en el limbo de las extrañezas. Las fotos eran sólo una versión más viva y dolorosa de lo mismo. Sólo una de ellas me hizo sonreír, pero tan poca cosa bastó para redimir aquella tarde aciaga de patético emperador romano decidiendo con el pulgar sobre la vida o muerte de los objetos que habían lidiado en el circo de mi vida.
Se trataba de una foto en blanco y negro, de cuando yo tenía doce o trece años y jugaba en el equipo del fútbol del colegio. Acababa de marcar un gol y me abrazaba Felipe, el capitán del equipo. Eso es lo que tienen las fotos cuando se separan de las personas a las que representan: que se prestan a mentir mejor que mil palabras. Por eso siempre me digo que esas instantáneas antiguas en las que aparecen familias enteras endomingadas mirando a la cámara con los ojos muy abiertos pueden haberse sacado diez minutos antes de una separación definitiva, o puede ser que uno de los niños que aparecen en ella sea en realidad el hijo del fotógrafo que sustituye para el libro de familia a un niño enfermo, o incluso a uno inexistente.
Las fotos no cuentan historias: somos nosotros los que las contamos, y cuando ya no estamos para hacerlo es mejor que las fotografías ardan o desaparezcan, no sea que surja el desaprensivo que invente sobre nosotros lo que nunca imaginamos. O peor aún, lo que no imaginaron los demás y nunca quisimos que se supiera.
En esta que encontré, como decía, aparecía vestido de futbolista y abrazado con Felipe. Si alguien la hubiese encontrado después de morir yo, de viejo o en el naufragio de un submarino, por ejemplo, hubiese pensado que había marcado un gol y que Felipe y yo éramos amigos.
Pues no. Y como no me he muerto, lo cuento.
Felipe era un perfecto hijo de puta que se burlaba de todos con bromas crueles y aprovechaba su corpulencia para repartir patadas y manotazos a cualquiera que discutiese su autoridad. Normalmente me consideraba una de sus víctimas favoritas, pero en aquel momento estaba contento porque yo acababa de meter un gol y me abrazaba.
Más adelante, pocos meses después, tuve un encuentro serio con él por una broma que se pasó de la raya y de aquello resultó la nariz torcida que he lucido toda mi vida. Con Felipe no quedaba más remedio que aguantar las humillaciones o aguantar los golpes: la elección era sencilla. Recuerdo que cuando acabé el instituto para ir a la universidad, lo primero que pensé fue que no tendría que volver a verle, y me alegré más por eso que por la reválida recién aprobada.
Por suerte, así fue. Yo me marché a estudiar fuera y él empezó a trabajar mientras preparaba unas oposiciones que no exigían más titulación que el bachillerato. Ceo que quería ser policía, guardia civil o algo así, y todos los que lo conocíamos nos aterrorizábamos pensando lo que podía ser encontrárselo un día vestido de uniforme y con un arma al cinto. Un compañero común me dijo tiempo después que se había enfadado mucho porque le habían suspendido en la prueba psicotécnica y a mí me hizo gracia el asunto: era normal que a un energúmeno como aquel le encontrasen alguna pieza desquiciada si lo miraban un poco de cerca.
En diez o doce años no volví a saber nada más de él. La memoria tiene la virtud de borrar las heridas, los dolores y los miserables.
Luego supe que se metió en líos, no sé bien si de drogas, proxenetismo o de otro tipo, pero el caso es que hirió de gravedad a un hombre y pasó una temporada en la cárcel. No fue mucho tiempo, seis o siete meses, creo, pero cuando salió de prisión ya no era el mismo. Allí seguramente había aprendido que no era único, y que su viejo procedimiento para hacer vida social podía costar muy caro según con quien se tratara. Lo aprendió tarde, pero estoy seguro de que lo aprendió.
Después de salir de prisión tuvo dos o tres trabajos, todos en la construcción, pero como bebía más de la cuenta no tardaban en despedirlo. De ahí a quedarse en la calle mediaron solo unos cuantos años, los justos para que sus malos negocios y un par de traiciones de antiguos compinches le demostraran que estaba ya demasiado viejo para aquella clase de trapicheos.
Hace tres o cuatro años lo vi aquí en Madrid, en el metro de Tirso de Molina, tratando de protegerse de la lluvia y encendiendo una colilla. Lo llamé por su nombre y le estreché la mano, pero creo que no me reconoció.
Ahora, cada vez que paso por su lado le doy diez euros. ¿Por compasión?, ¿porque me apiado de él? Debería decir que sí, pero el caso es que se los doy para que no se le pase por la cabeza salir de su abandono y tratar de empezar una nueva vida en otro lado. Se los doy para clavarlo a su esquina, para que esté allí hasta que reviente.
A veces creo que los demás que le dan una monedas también lo conocen y piensan lo mismo que yo.
En cuanto a la foto, pensé romperla, pero al final preferí tirarla por la ventana para que la calle acabase con ella a su manera.
Simbolismos o vudús de cada cual. www.javier-perez.es Este relato es propiedad del ayuntamienrto de Lasarte Oria, que tuvo la amabilidad de distinguirlo con su premio de narrativa en castellano 2007
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Enviado por heathcliff el Wednesday, 31 December a las 21:58:59 (196 Lecturas)
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 | Ojalá pudiera volverte a ver aunque sea una vez más |
Invitado escribió "Hace años conocí una persona que todavía hoy sigue en mi corazón. Las cosas no se dieron y nuestros caminos se separaron, nunca tuve el valor de buscarlo, y el tampoco obviamente lo hizo. El paso del tiempo hace que la idea de buscarlo se diluya, ya que pasaron demasiados años. Tenía ganas de escribir para decir que aún está en mi su recuerdo, y muchas veces dificulta mi camino. Te extraño
Carolina F."
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (215 Lecturas)
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 | antes de que te olvides de mi... |
Invitado escribió "La 1 vez que le vi me impresiono le vi como a un chico y no como le vi la ultima vez que ya era un hombre, regordete brazos fuertes y con bastante vello ya asomaba ese gran hombre que seria despues;pelo negro y unos ojos marrones que despedian vida e ilusion por todo, despues llegaron las risas, la complicidad esa indispensable mania de estar hay y ese recelo de observarle, cuantas horas habremos charlado en aquella plazoleta alas 4 de la tarde... despues de un dia duro de trabajo ahora eso me parece increible, me hablabas de tus amores de tus conquistas de tus deseos e incluso de tus cosas mas intimas, pobre de mi caeria yo en tus redes de niño bueno, al tiempo llego ese noseque de buscarme ese mensaje de QUE MALA ERES... y ya no hubo marcha atras una tarde en mi casa y todo se fue al traste en mi vida y me resisti tu sabes que asi fue pero alas 48 h como los emfermos cai,,,y desde aquel dia rode detras de las suelas de tus zapatos e incluso llege a sentir las pisadas en mi corazon tantas veces que ya nunca podra recuperarse, y asi tres años reir llorar llorar reir, un dia si 10 dias no, tres dias si, 21 dias no,,, cuantas lagrimas cuantas ofensas cuanto dolor y rabia, y a cambio algo de cariño mucha pasion y una total indiferencia la mayoria de las horas que tiene el dia o todas??? en fin solo espero que nunca puedas dudar de que yo te olvide por que eso querido amigo es tan imposible como vivir eternamente, mucho!!!! solo a ti"
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (236 Lecturas)
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 | La contorsionista |
 Delgada y guapa, con rizos negros, la atracción que suscitaba no residía en sus curvas bien trazadas, ni en el impecable ajuste de sus proporciones a crípticas constantes griegas. Ni Phi ni Pi lograban imponerse a su Aleph. Su número consistía en distintas contorsiones al borde de lo posible, pero era difícil apartar la mirada de sus ojos, de su risueño menosprecio hacia las leyes de la física, de la lógica y hasta de la probabilidad. Era una marioneta que en el colmo de la burla tomaba en sus manos los hilos y se obligaba a danzar, que se imponía las muecas como en un gui ol diabólico donde es el mu eco el que, ante el público, introduce la mano en su propia cabeza. Era hermosa pero eso no importaba. La menor de sus transgresiones era su elástica gimnasia sobre el atril, y centrar la vista en ella hubiese sido como admirar a la serpiente por lo bien que se enroscaba a los manzanos del Edén. Era sugerente como un pecado entrevisto en el sue o de una fiebre ancestral. Entre árboles prehistóricos cayendo en una selva donde aún no vive nadie. Entre símbolos de lenguas no inventadas todavía.
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Enviado por heathcliff el Thursday, 01 January a las 00:59:59 (260 Lecturas)
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